22 noviembre, 2019

FE – EL DON DE DIOS

FE – EL DON DE DIOS

FE – EL DON DE DIOS

 

Leemos en Efesios 2: 8, «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios«.

Luego en Romanos 10: 17 dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios«.

 

  1. La fe es un atributo muy importante.

 Hebreos 11: 6 dice: «…sin fe es imposible agradar a Dios…«

Debe quedar establecido que la Biblia es la palabra de Dios, la apropiación de las promesas es un asunto de fe y en ninguna otra base que la de la fe, Dios podrá operar por tí.

Observa que en Efesios 2: 8 dice: que «la Fe es el don de Dios» (Paráfrasis).

Estas declaraciones ponen a la fe en un terreno fuera de lo ordinario; la fe que nos salva no es la misma fe que nos dice que vamos a desayunar en la mañana.

«Por gracia sois salvos por medio de la fe»; eso significa que, si naces de nuevo, es porque tú tienes fe, fe salvadora.

La fe que te salvó, la fe que te llenó, es la misma fe que estaba en el corazón de cada hombre y cada mujer de la Biblia.

No hay diferencia entre la fe que tú tienes como hijo de Dios y la fe de Abraham, Moisés, Pablo, Pedro, Juan o Elías, la fe que está en mí y en tí como creyentes, es la fe que es un don de Dios, y es la misma fe exactamente que estuvo en todos los hombres y mujeres de la Biblia.

Qué consuelo es saber esto. Santiago dijo que Elías, el gran profeta de la fe en el Antiguo Testamento era un hombre sujeto a pasiones como las nuestras.

La fe no es una cosa mística ligada a los sentimientos de los hombres. No es algo que podemos ver,

es más bien lo que el hombre cree. Es creer lo que Dios es. Lo que Dios dice.

Hebreos 11: 6 dice: «…Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan«, ahí habrás encontrado fe real.

Hemos sido guiados a creer que los hombres de la Biblia fueron de una diferente clase que nosotros, pero el apóstol Santiago desvanece esta mentira.

Él dijo que Elías fue un hombre sujeto a pasiones como nosotros; Elías, entonces tenía los mismos temores, dudas, y frustraciones que yo tengo.

Lo mismo que me persigue, lo perseguía a él, pues nació de una mujer; él era carne y sangre, tuvo una naturaleza vieja y tenía la misma tendencia a dudar.

Elías tuvo todas las posibilidades de ser un fracaso; sin embargo, a través de la fe, él fue victorioso.

Su fe era la misma fe que está en los corazones de los que hemos nacido de nuevo.

Todos los que han sentido el llamado tienen los mismos temores, todos tienen las mismas posibilidades para tener éxito y fracasar.

El asunto es que algunos eligen mal.

El segundo llamado de Moisés en la zarza que ardía fue un momento muy interesante.

Tú puedes recordar que él sintió el llamado en Egipto. Aquí tenemos a un hombre poderoso en palabra y hechos.

El sintió el llamado. Salió en sus propias fuerzas para liberar al pueblo. Mató a un egipcio, lo enterró en la arena, luego se vio forzado a huir al desierto donde Dios trató con él.

Hechos 7:22-30

Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.

23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido.25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; más ellos no lo habían entendido así.26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro?27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros?28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio?29 Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza.

Cuando se acercó a la zarza, Dios le habló, y le dijo que se quitara el calzado porque estaba pisando tierra santa y luego le dijo,

«he escuchado el clamor de mi pueblo en Egipto y te envío a ellos para que los liberes». Moisés respondió, «¿Quién soy yo para liberar a esta gente?»

Eso es lo que tú y yo hubiéramos respondido exactamente. Era el temor que le hizo responder así.

Tres millones de esclavos encerrados dentro del más poderoso imperio de la tierra, y aquí está Dios diciéndole a un solitario pastor de ovejas que los libere.

El solo pensar en un desafío de tal índole llenaba de temor el corazón de Moisés. Moisés dijo, «Yo no puedo hacer tal cosa».

Parado en medio del calor de ese desierto, Moisés escuchó la palabra de Dios. Dios manifestó su poder. «Arroja la vara»; la arrojó y se convirtió en una serpiente. La recogió y se volvió una vara nuevamente. Dios estaba manifestando su poder delante de este hombre.

Entonces basado en la promesa del gran «Yo Soy», la fe en el corazón de Moisés se levantó para desafiar su incredulidad y temor.

Moisés decidió ir a Egipto.

En la presencia de Dios, la fe de Moisés se hizo más grande que su temor. Una vez más, él vino a creer que «Dios es real».

La fe real demanda que el creyente «traspase los cielos» y «toque a Dios» frecuentemente.

No puedes orar, «traspasar los cielos» y llega al lugar donde sabes que Dios está y luego oye su voz y obedece.

Debes volver una y otra vez al altar para reasegurarte que Dios es.

En Hechos 2, ellos «tocaron a Dios» y fueron llenos del Espíritu Santo y en el cuarto capítulo, nuevamente son llenos del Espíritu Santo.

La fe está ahí en el corazón del creyente, pero muchas veces estamos tan dominados por la vieja naturaleza con una fe tan muerta, que nuestra fe se vuelve inactiva.

Cuando esto ocurre, el temor entonces comienza a sobrepasar la fe, y la única forma de anular eso es orar con fervor hasta «tocar a Dios»

y llegar al conocimiento que «Dios está ahí realmente».

Su presencia siempre vence al temor.

Moisés fue a Egipto, pero debes saber que cada paso que dio hacia Egipto fue lleno de duda y temor.

El diablo le recordaba que él era un hombre buscado en Egipto.

Moisés sintió lo que todo predicador o laico sentiría si se movía más allá de lo que él podía ver.

El vio el milagro de la vara cuando se convirtió en serpiente, vio la zarza ardiendo, pero eso no quitó ese sentimiento ansioso que viene contra un hombre cuando se mueve hacia lo imposible.

Pero una vez que Dios ha hablado, es tiempo de dejar la reunión de oración y empezar a actuar. Moisés se fue a Egipto.

En cada paso el «viejo hombre» en Moisés decía «A ti te están buscando, eres un asesino, No puedes hacer esto. Debes muy tonto o estar loco».

Pero la diferencia entre Moisés y el 95 % de los cristianos, era que Moisés nunca miro atrás ni se dio la vuelta. El «viejo hombre» con la ayuda de Satanás le decía a Moisés, «Mejor hubieras regresado y ayunado algunos días por esto».

Es verdad que necesitamos ayunar y orar, pero una vez que el Señor ha hablado, necesitamos encaminarnos hacia Egipto.

La diferencia entre Moisés y nosotros es que él fue a pesar de sus temores. Moisés enfrentaría al león en su cueva.

El hablaría la palabra de Dios a Faraón.

Los piojos vendrían y se irían. Las moscas vendrían y se irían.

Pero cuando Moisés se encontraba solo, el diablo le susurraba: «Tú no tienes nada que ver con los piojos, ranas, moscas y granizo. Ellas hubieran venido de todas maneras».

Cada mañana cuando se levantaba él hubiera pensado: «No puedo enfrentarme otra vez a Faraón».

Él tenía los mismos temores y dudas que tú y yo tenemos.

Moisés experimentó el mismo temor que tú enfrentas, las mismas dudas que tú enfrentas cuando se te presentan situaciones imposibles.

Pero la diferencia entre Moisés y la mayoría de nosotros es que él nunca permitió que sus temores lo controlaran; él se levantó y salió.

La diferencia entre la fe y la incredulidad no es un asunto de llegar a un punto donde no estás inquieto.

No es así; no importa lo que los “inteligentes” y la gente de «fe» te digan, nunca va a dejar de haber un momento en tu vida en el que no haya un temor o miedo.

Cuando por ejemplo enfrentes lo desconocido o cuando Dios te haga un llamado para que te muevas a un área y tú no sabes hacia dónde ir o qué hacer, lo que importa es que la fe sigue adelante aún a pesar de esos temores y dudas.

El temor va a existir, pero tú debes pararte en el lado de la fe.

El hombre que intenta aparentar que no tiene miedo es un mentiroso.

La fe se para en el lado de Dios.

Uno puede tener la noción que Dios les ha dado a los héroes de la Biblia alguna verdadera revelación especial de tal manera que era imposible que ellos dudaran.

Pero Dios nos ha dado la palabra profética más segura.

Estás enfrentando tal montaña que no puedes ver más adelante.

Tú sabes que Dios es capaz, pero tienes miedo. Debes saber que todos los que han estado antes que tú tuvieron miedo también.

Mira a Elías el gran profeta.

Acerca de los tres años y medio de sequía, él tenía que decirle al rey Acab que, de acuerdo a su palabra (la de Elías), no iba a llover por tres años.

Que fue lo que él sintió; en cada paso que él daba hacia el palacio, el diablo le decía: «Estás yendo para decirle esto, que no va a llover por tres años, y quedaras en ridículo».

¿Cómo sabemos que Elías, sintió eso?

Porque Santiago dijo que él era un hombre sujeto a pasiones como las nuestras, y sé que eso es lo que el diablo dice cada vez que avanzamos en una misión.

Satanás te susurra, «Mejor hubieras regresado a tu cuarto para orar por esto otra vez». «Estás cometiendo el error de tu vida».

El 99 % de los predicadores habrían vuelto atrás.

Pero ahora Elías rehusó escuchar a sus temores. Estaban ahí, pero el rehusó escucharlos; él avanzó hacia lo que él creía, y por su palabra cerró el cielo.

Hay dos fuerzas que están operando, Dios y el diablo.

Dios no nos ha dado espíritu de temor.

…Pero eso no significa que ese espíritu no está ahí, obrando en la vieja creación.

Dios habla y tú crees. Luego viene el temor, la oposición, ¿qué es lo que vas a hacer?

La Escritura nos habla que Jesús estaba frente a un hombre con una mano seca. Sin duda que nació así. Jesús le dice, «extiende tu mano».

Pero inmediatamente después de escuchar esto, hay otra voz, la del hombre viejo, la vieja naturaleza…

el diablo está obrando ahí, a través de su cuerpo y dice, «no puedes hacerlo; nunca en tu vida has sido capaz de usar esa mano».

Pero en el otro oído está la voz de Dios. Él le dice. «Extiéndela.”

Lo que él haga ahora va a determinar lo que venga.

Si se rendía a su temor y rehusaba moverla, iba a seguir inválido el resto de su vida.

Pero si él se levantaba de su temor, iba a ver un milagro. Esto es lo que él hizo.

No se necesita fe para bautizar a un hombre o para tomar la Santa Cena.

Se necesita fe para cambiar la vida de un hombre. Se necesita la obediencia de la fe para tener victoria.

El temor del diablo va a venir contra tal fe. La victoria depende de lo que tú sigas; tu temor o tu fe.

el problema es que tú puedes estar creyendo lo que algunos predicadores tratan de decirte que pueden liberarte de todo temor, si lo deseas.

esa es una tontería, pero quiero decirte que el espíritu de temor que es puesto por Satanás está metido en el viejo hombre, y va a ser una oposición para creer a Dios, no importa dónde ni cómo.

He observado predicadores que en los servicios imponen manos a la gente para liberarlos de ese temor. Eso le hace un daño terrible a la gente.

Llegan a pensar que alguna clase de demonio los ha poseído, pero ellos son cristianos, y no pueden ser poseídos por demonios.

Y nunca van a ser librados de ese temor, lo que tienen que hacer es resistir ese temor y considerarse muertos a él.

Los predicadores que predican esto, ellos mismos enfrentan situaciones amenazadoras en la vida, y son temerosos.

Van a los médicos igual que las personas a las que les dicen que no tengan temor.

La acción más importante de un cristiano es la obediencia. Esto es levantarse aún a pesar de ese temor y obedecer a Dios de todas maneras.

Miremos a Pablo y a Silas en Filipos.

Recuerda que tenemos la misma fe que el apóstol tenía, la misma fe que el apóstol tenía en Filipos en la cárcel. Nosotros igualmente la tenemos.

Pablo tenía los mismos temores, las mismas dudas que están en ti.

Ningún predicador de liberación ha liberado al apóstol de esto, porque aún está ahí la vieja naturaleza.

Y dice la Biblia que Satanás es el que pone el espíritu de temor.

Dios no nos ha dado espíritu de temor, por lo tanto, lo opuesto es verdad; ese temor viene de Satanás, y sólo puede obrar a través del viejo hombre.

El diablo le dijo que Dios lo había dejado, porque si no, no estaría en la cárcel. Pablo rechazó esa mentira.

Entonces ¿qué ocurre? esa noche, en la oscuridad de esa prisión, donde ni un rayo de luz nunca entraba, con látigos, e infecciones por lo bichos asquerosos que había, y en donde sin duda les venían fiebres, dolores de cabeza y con el temor de podrirse en esa cárcel, Pablo le susurraba a Silas. ¡Demos Gloria a Dios por todo!

La respuesta de Silas era, «Sí. Cantemos y alabemos al Señor».

Nosotros tenemos la misma fe. La única diferencia es que nosotros estaríamos llorando. Sí, estaríamos llorando, en lugar de alabar a Dios.

Puedo imaginar a un predicador de nuestro tiempo diciéndole a Pablo, «¿por qué alabaríamos a Dios? ¡Mira la situación en la que estamos!»

Pero ellos empezaron a alabar a Dios y el resultado fue que Dios envió un terremoto, abrió la cárcel y empezó el avivamiento.

Moisés fue a Egipto con la misma fe que tú tienes en tu corazón. Josué detuvo el sol; Daniel enfrentó a los leones; Pablo alabó a Dios en la cárcel.

El temor va a estar ahí presente siempre, el temor va a estar contigo.

Nadie te va a liberar de eso. Eso tiene que ser crucificado, y cuando enfrentes lo imposible, va a estar el temor y la duda, pero a pesar de eso, si te levantas, vas a encontrar esta fe que Dios te ha dado.

No es algo que tú obres o algo tuyo, sino que la fe que Dios te ha dado es la que va a funcionar.

La fe es un don de Dios.

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