13 mayo, 2016

Dios Manifestandose a Moises

Dios Manifestandose a Moises

La manifestación de Dios a Moisés

 

« 12 Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

13 Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.14 Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.15 Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.16 ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

17 Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

18 El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.

19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

20 Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.21 Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;22 y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.». – Ex. 33: 12-23

 

« Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte.Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.

«- Ex. 34: 1-8

 

Hay muchos pasajes de la historia de la Biblia que son ricamente edificantes, y que es importante para nosotros leer a menudo y reflexionar profundamente.

El pasaje que tenemos delante lo hemos leído muchas veces, y se ha predicado sobre él.

Cada lectura sucesiva sugiere nuevos pensamientos y desarrolla nuevas bellezas; como una profunda y rica mina de oro, cuanto más hondo se cava, más precioso es el mineral que se extrae.

  1. Dios había llamado a Moisés para ser un líder e instructor de su pueblo en un gran y poderoso movimiento. 

Moisés debía supervisar y guiarlos de Egipto a Canaán. 

En el primer verso de nuestro pasaje Moisés reconoce claramente que Dios lo había escogido a él para este gran trabajo. «Mira, tú me dices a mí: Saca a este pueblo.»

Pero Moisés entiende muy bien que Dios no lo había llamado para llevar a cabo este trabajo en su propia fuerza, sino que la tarea estaba diseñada para apoyarse en la ayuda de Dios.

Parece ser que Moisés había pensado mucho; sobre todo en este punto…de tener un ayudante, a menudo había orado sobre esto

Y le pidió a Dios a quien escogería para ayudarlo en esta gran tarea.

Vio que la obra era gigantesca,

Porque conocía lo que era estar en un desierto, y podía apreciar el trabajo y la responsabilidad de liderar una cantidad tan enorme de personas que conformaban una nación.

Eran tres millones de hombres mujeres y niños.

Una obra tan grande que supera todo poder humano.

Por consiguiente, en el versículo 33:13 Moisés hace esta petición –

«Ahora, pues, yo te ruego que, si he hallado gracia ante tus ojos, que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que este es tu pueblo».

  1. Note aquí que esto fue después de que Moisés se había reunido con Dios varias veces. 

Ya había recibido la ley en el monte Sinaí…de la propia mano de Jehová,…y había visto a Dios en la zarza ardiente. 

Moisés conocía mucho de Dios, sin embargo, aun con todo ese conocimiento Moisés sentía que necesitaba saber mucho más.

Sabía muy poco de Dios para estar calificado para esta gran obra de guiar a su pueblo a través de un gran desierto sin caminos.

Ahora pues, Moisés hace su petición de ayuda para este trabajo y pide la aceptación de Dios, de Dios mismo para este título, para este oficio.

…mediante una petición simple pero profunda, muéstrame tu camino, quiero conocerte más.

Y le dice, por cuanto me has llamado y he hallado gracia, ahora muéstrame tu camino. Quiero saber más de ti.

No podemos sino ser impactados con la sencillez del corazón de Moisés en esta conversación con Dios.

Él le descubre toda su alma, como lo haría un hombre con su amigo.

Él está profundamente impresionado con la importancia de conocer más de Dios,…

Y siente profundamente que sin este conocimiento no puede persuadir a la gente a enfrentar los peligros de aquel grande y terrible desierto.

Sintió la presión de sus propias responsabilidades y se volvió confiadamente a Dios.

Esa es la razón de su simple estado de corazón.

Por lo tanto, Abriendo su corazón ante el Señor,… le recuerda que a pesar de que lo había llamado, Dios no le había declarado aún que su presencia iría con él.

  1. El Señor parece admitir la plena importancia de este reclamo. 

¡Qué maravilloso es esto! Aquí está Dios, condescendiente al hablar con un simple hombre mortal como cualquiera de nosotros.

Moisés habla; luego se escucha la respuesta. 

Dios oye el reclamo y siente todo el peso de las consideraciones que moisés presenta.

Ahora vea la respuesta. «Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso.»

Moisés pregunta – ¿Quién subirá conmigo! el Señor responde – Yo iré contigo – mi presencia te guiará – no estarás solo – no tienes que temer.

¿Cuán llena de bondad, amor y empatía, es esta respuesta?!

Si quiere saber quién irá con usted, deje que esto le baste – Yo mismo Iré contigo.

Sienta la fuerza de esa declaración. “Veo todas tus necesidades”!. Y Te prometo mi presencia.

¿Cómo lleno de consuelo a Moisés, el tener la seguridad de la gloriosa presencia de Dios?! ¡Es una dulce promesa: «Yo te daré descanso.!»

Ahora escuche la hermosa respuesta de Moisés,

Aquí tenemos otra muestra de su gran sencillez de carácter.

Él está tan profundamente sensible de sus propias deficiencias, que sabe y siente que no puede ir sin Dios.

«Si tu presencia no va conmigo, no nos saques de aquí.» reconoce así más plenamente toda su dependencia en Dios,…

Y su perfecta incapacidad de éxito a menos que Dios esté con él. 

¿Qué puede ser más sorprendente que esta perfección de carácter?, ¡tanto por parte de Moisés y de Dios!

Por parte de Moisés, se ve la sencillez más perfecta y la dependencia más perfecta;…

Y por parte de Dios, la más asombrosa bondad y condescendencia.

  1. Pero examinemos el curso seguido por Moisés aún con más atención. 

Cuando Dios le había dado la promesa «Mi presencia irá contigo,» ¿por qué no conformarse con eso? 

¿Por qué insistir y suplicar el caso aún más? 

La respuesta se encuentra en su estado intensamente ansioso de ánimo.

Moisés no podía soportar pensar en ir adelante sin Dios.

Sin la presencia de Dios,

Por lo cual solicita,

«¿En qué se sabrá que yo y tu pueblo hemos hallado gracia delante de ti?» 33:16

Claramente Moisés había mirado a fondo este asunto. No dijo esto sin pensar.

No fue una observación apresurada; ni fue hecha sin una buena razón.

De hecho, Moisés estaba en un estado de ánimo particularmente concentrado y pensativo y hasta ansioso.

Vio que era infinitamente necesario, por el bien de Israel, y para gloria de Dios, que esta nación debía destacarse ante todas las naciones de la tierra como un pueblo distinto.

De ahí que presiona ante el Señor – ¿Cómo puede esto manifestarse a menos que tú estés con nosotros?…

¿Puede cualquier otra cosa manifestarlo? ¿Puede alguien hacerlo? No!

Dios mismo debe estar con nosotros, sosteniéndonos en medio de todas nuestras pruebas,

guiándonos en todos nuestros caminos,

Liberándonos de todos nuestros enemigos, de lo contrario no seremos conocidos como el pueblo de Dios,

y Dios mismo no puede obtener ningún honor de que llevemos su nombre. 

¡Cuán perfectamente razonables son estos puntos de vista del caso, y el estado de la mente de Moisés como resultado de estos pensamientos!

  1. Llegamos ahora a la respuesta de Dios. «Y el Señor dijo a Moisés: vs.17

Yo haré esto también que has dicho, por cuanto has hallado gracia delante de mis ojos, y te he conocido por tu nombre.»

Dios parece sentir toda la fuerza de cada palabra que dice Moisés.

De hecho, ningún ser en el mundo está tan influido por consideraciones de importancia real como Dios lo está.

Siempre se ha visto que, si tenemos buenas razones para suplicar en oración ante Dios, ciertamente podemos prevalecer con Él, ya que Él siempre es razonable.

Es maravilloso ver cómo el Señor se conmueve por el menor motivo, presentado incluso por un niño (Testimonio de la pérdida de mi reloj).

Así fue con Moisés. Dios escuchó, y luego hizo por él todo lo que podía pedir.

  1. En esta etapa de la conversación Moisés se aventuró a otra gran petición.

Él había estado acercándose y cada vez estaba más cerca de Dios durante toda esta conversación.

¿Con qué frecuencia en la lectura de esta narración Moisés parecía estar a su lado, y podemos ver a Dios animando a Moisés de sacar aún más y más favor de Él?

Dios promete darle su grata presencia. Concede cada petición con complacencia y asentimiento. Por lo tanto, Moisés se atreve a tomar una posición que probablemente ningún ser humano había tomado alguna vez antes.

Le pide «Yo te ruego que me muestres tu gloria». Pero ¿por qué Moisés hace esta solicitud? Mire lo que ya había pasado.

Dios se había mostrado gloriosamente en el Sinaí hasta que el pueblo temblaba y no se atrevían a escuchar más esa temible voz.  Ex. 20:18

Moisés había bajado de ese terrible monte, su rostro todo resplandeciente de la gloria de ese encuentro con Dios.

Gran parte de esa terrible majestad del Señor de los ejércitos había visto Moisés;…

Sin embargo, ahora se atreve a sacar aún más,… y puesto que Dios bondadosamente le permite acercarse, se aventura a soltar otra petición.

Déjame ver tu gloria. Muéstrame tu rostro y todo tu corazón.

Oh! Hermanos…lo que una solicitud de esta naturaleza debe haber sido para un simple hombre!

Pero, ¿qué respuesta le dio el Señor? ¿le dijo – «Ten cuidado, Moisés, piensa lo que me pides?» No!

Sino más bien fue al contrario…. «Dios respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti.»

¡Oh, cuán bueno – cuán infinitamente condescendiente y amable! Yo te enseñaré mi nombre; – es decir, mi verdadero carácter –

Por el nombre de Dios hemos de entender su carácter,

ya que todos sus nombres eran originalmente significativos, y cada uno expresa algún atributo principal de su carácter.

No podrás ver mi rostro, le dijo; no puedes soportar la vista de mi gloria maravillosa; ningún hombre puede verme en este sentido.

Pero todo lo que Moisés podía soportar Dios le muestra – El Señor otorga lo único que puede dar.

Moisés estaba en un estado de ánimo tan desinteresado y confiado que Dios no le podía negar nada de lo que era posible darle a un ser humano.

…nada de lo que podría ser esencial o útil para su éxito en la gran obra delante de él.

Moisés tiene que tener tal impresión hecha en su mente de aquello que le sostendrá a través de todas las pruebas posibles y el agotamiento.

De ahí que el Señor le concede a él todo lo que podía soportar ver.

En consecuencia, Dios le dice – «He aquí hay un lugar junto a mí y tú serás puesto sobre una roca, y mientras pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la roca.»

En una hendidura de la roca

– ¿dónde más? ¿Qué otro lugar puede ser más adecuado?

Cristo es a veces representado como una hendidura de la roca para nosotros, en el que podemos escondernos y estar a salvo.

Así que Dios coloca a Moisés en una hendidura de una roca, y dice: vs.22 «Yo te cubriré con mi mano hasta que haya pasado; y quitaré mi mano y tú verás mis espaldas; más no se verá mi rostro».

El Señor parece haber sentido la importancia de dar a Moisés todo lo que él había pedido.

Antes bien, el Señor mismo lo había puesto en el corazón de Moisés para hacer estas peticiones y le había animado a pedir cosas tan grandes y preciosas. 

«Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de Ti esta súplica» (2º Sam. 7:27).

Así Dios acostumbra a hacer con sus hijos, y el hecho de que nuestras almas tengan hambre y sed de Dios, es que con toda seguridad él va a revelarse a nosotros y nos mostrará la plenitud de su gloria.

Merece especial atención aquí que la respuesta dada por Dios a Moisés muestra en qué consiste realmente su gloria.

Moisés dice: «Te ruego que me muestres tu gloria.» El Señor responde – sí – «Yo haré pasar todo mi bien delante de ti.»

La gloria del Señor, entonces, consiste en su bondad. 

No es como algunos parecen suponer, que la gloria es un deslumbrante esplendor, algún resplandor de luz inefable y dominante

– no hay tal cosa como esto; sino la bondad de Jehová – las virtudes interiores que componen su carácter – pues éstos son su verdadera gloria.

Y estas glorias de su carácter se presentaron ante Moisés cuando se proclamó esos nombres gloriosos y expresivos.

– «El Señor, el Señor Dios, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado».

Cada palabra en esta descripción está llena de significado. Reiterando y ampliando el pensamiento precioso que Dios es amor

También debe tenerse en cuenta que Moisés había sido preparado previamente por una revelación grandiosa de Dios.

Había pasado mucho tiempo en el monte Sinaí en medio de sus truenos y humo…

Y en medio de todas las manifestaciones de temor de la terrible justicia de Dios.

La ley de Dios había sido antes impresa en su mente tan vívidamente y no podría haber dejado de hacer impresiones profundas y solemnes.

Por lo tanto, ahora estaba dispuesto a oír hablar de la gracia y de la misericordia.

Él podía apreciarlas. Podía oír la promulgación de la gracia e infinita misericordia y no abusar de ella.

Ningún hombre se prepara bien para escuchar el evangelio hasta que haya oído la ley.

Debe en la naturaleza del caso, apreciar las exigencias estrictas y justas de la ley antes de que pueda apreciar el valor real de la gracia del evangelio.

Ninguno de los hebreos, excepto Moisés parece haber pasado por este proceso preparatorio. 

No se les había impresionado a fondo con la majestad terrible, la pureza y la severidad de la santa ley de Dios.

De ahí que no podían apreciar estas manifestaciones de su bondad

y a ninguno de toda la nación se le permitió estar presente con Moisés en esta entrevista gloriosa con Dios.

Es importante en este sentido notar la actitud moral precisa en que Moisés se puso delante del Señor.

Ahora se le ordenó preparar dos nuevas tablas de piedra.

Las dos anteriormente preparadas fueron rotas, como todos recordamos.

Moisés había estado con el Señor en el monte en llamas; había permanecido mucho tiempo ahí; por fin regresa y encuentra que el pueblo se había hecho un becerro y se dedica a la más grosera idolatría.

Su indignación se encendió; que lanzó las piedras al suelo y las rompió en pedazos.

El Señor parece no haber reprendido a Moisés en este estallido de indignación;

Parece haber estado bajo las circunstancias apropiadas y aceptables a Dios,

Como lo fue también su posterior conducta para pedir a los levitas tomar la espada y matar a aquellos de sus hermanos que estaban liderando ese horrible pecado y no desistir. 

En todo esto, el Señor parece haber aceptado plenamente a Moisés.

Volvamos ahora persiguiendo el hilo de nuestra historia.

Moisés prepara las dos tablas de piedra, y sube temprano en la mañana, ya que el Señor le había mandado, y he aquí que el Señor desciende y se encuentra con él allí.

¿Cómo sería esta entrevista para un hombre mortal y celebrarla con el gran Dios! Piense en las circunstancias;

– la soledad profunda de ese lugar, el horrible monte Sinaí fueron el templo de la presencia de Dios; ¡Las nubes arriba eran las cortinas de ese templo!

Cuando Moisés subió, él ya había recibido la promesa de que el Señor le encontraría allí.

Pero la promesa no se cumplió inmediatamente. Al menos una noche pasó. ¡Qué noche de anticipación – una noche, profunda, solemne, la sensación que debe haber sentido!

¿Ahora hermanos, se han producido escenas como éstas en nuestra propia experiencia?

¿Usted tiene una entrevista preciosa con Dios cuando se acaba el día y la sombra de la noche viene alrededor de usted? 

¿Usted se va a descansar con la convicción dulce que el Señor se revelará rápidamente al día siguiente?

Aquí está Moisés. Temprano en la mañana se le ve a la distancia, subiendo esa montaña conocida, sobre cuyas cumbres había visto a Dios más de una vez.

Si sólo podríamos haberle visto; – si nuestros ojos podrían haberlo seguido, ¡cómo él se acercó y entró en audiencia con el gran Yo Soy! ¡Qué impresionante y solemne debió haber sido ese espectáculo!

Moisés estaba en un estado de ánimo en el que muchos santos de Dios han estado con frecuencia.

El temor máximo impregnó toda su alma, sin embargo, él no tenía miedo de Dios.

Estaba dispuesto a ir a cualquier espantoso y solitario lugar y encontrarse a solas con Dios.

Muchos habrían sido oprimidos con un temor supersticioso bajo tales circunstancias,…

Pero Moisés no tenía ese temor supersticioso.

Considere lo que Moisés deseaba y en lo que su corazón se había fijado ahora con el mayor fervor.

La renovación de las tablas de la ley era del todo una cosa incidental, pasaban a segundo plano.

Lo principal era que Dios le muestre su gloria. Era plenamente consciente de que Dios estaba a punto de mostrar tales manifestaciones de sí mismo como la naturaleza humana podría soportar.

Déjame preguntarte lo que se podría pensar de tal entrevista… ¿Nos gustaría ser llevados a tal gloriosa comunión con la santidad de Dios?

Supongamos que Dios le dice a usted que puede disfrutar de tal entrevista con él mismo cuando usted se retire de este lugar a su habitación. 

Él le da la promesa. ¿Estaría usted dispuesto?

¿Saltaría su corazón por dentro con esa perspectiva y diría – Oh yo quiero saber más de Dios y de sus glorias insondables?

Oh, entonces, preparen sus corazones. Guárdense de toda cosa pecaminosa, toda cosa terrenal. 

Deje que su alma tenga sed de Dios, sí, sed del Dios vivo. Cuanto siente la necesidad de él,… que puede pedir con tanta sencillez y fe como Moisés, y confiar en que lo obtendrá.

 

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