13 mayo, 2016

Lugar Santo

Lugar Santo

Dios no puede usar a un hombre hasta que lo ponga en tierra santa.

Un Dios santo debe tener un hombre santo para llevar adelante sus propósitos.

tierra santa no es un lugar físico, sino espiritual.

Cuando Dios le ordenó a Moisés que se quitara los zapatos porque estaba en tierra santa, no se estaba refiriendo a un lugar físico de 4 por 4. Estaba hablando de un estado espiritual.

Dios llamó a Moisés desde la zarza ardiente y le ordenó: «Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es…» (Éxodo 3: 5).

¡El lugar era santo! ¿Qué lugar?

El lugar o estado espiritual a la que finalmente había llegado.

Moisés había llegado a un lugar en su crecimiento espiritual donde Dios podía comunicarse con él.

Ahora su atención había sido capturada, listo para escuchar. Estaba maduro y listo para ser usado por un Dios santo.

Ahora no debemos pensar ni por un momento que solo Moisés estaba en tierra santa.

Todo Israel estaba en tierra santa, a pesar de que estaban al final de su esperanza.

No se debe creer que Dios mantuvo a una nación entera bajo esclavitud solo para darle tiempo a Moisés para que se convierta en un buen líder.

Dios, en esos 40 años difíciles, estaba preparando tanto a Israel como a Moisés.

Y a modo de juicio amoroso, el Señor estaba conduciendo a Israel de regreso a su presencia, de regreso a su casa.

Mientras Moisés estaba en la montaña siendo despojado de todos sus derechos Israel estaba en Egipto siendo despojado de toda fuerza humana.

porque eso es lo que debe entenderse por la orden de quitarse sus zapatos, despojarse de toda habilidad propia, de toda seguridad en sí mismo, (Al quitarnos los zapatos reconocemos que Dios es quien tiene la autoridad y nosotros solo somos sus siervos).

Moisés no tenía habilidad; e Israel, estaba sin fuerzas.

Dios no podría demostrarse fuerte en su favor de ninguna otra manera. ¡El gran Dios el gran «YO SOY» estaba siendo revelado!

¿Qué es «Tierra Santa»?

Permítanme enumerar al menos tres descripciones de este estado espiritual.

  1. Es un lugar donde se expone toda la lepra que esta oculta.

Moisés fue verdaderamente un hombre tocado por Dios.

Fue llamado sobrenaturalmente y estaba lleno de revelación sobre quién era Dios.

Se le permitió conocer la orientación que pocos hombres han conocido.

Era humilde, piadoso y agobiado por el honor de Dios.

Amó a Dios y se afligió por los pecados de la gente.

Pero a pesar de todo esto, Moisés no sabía de la lepra en su propio interior: «Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. … «(Éxodo 4: 6).

¡Qué terrible! ¡tocar tu propio pecho y tocar la lepra!

Esta es una lección objetiva sobre la depravación absoluta de la carne.

No hay nada más que enfermedad y muerte en el viejo hombre. ¿Cómo podría Moisés extender su mano leprosa para lograr la liberación de toda una nación? ¡Imposible!

Esta es una poderosa lección que el hombre de Dios debe aprender. Fue la manera de Dios de decirle a su siervo: que «Cuando el Yo está en control, terminas lastimando a las personas, llevándolas a una terrible condición.

Porque la lepra es una enfermedad mortal

Cuando intentamos hacer Su trabajo de manera espectacular y carnal, ministramos la muerte y no la vida.

«Dios no puede usar esa vieja naturaleza de Egipto, esa vieja naturaleza no se puede transformar, siempre será leprosa. ¡Debe haber un nuevo hombre, uno atrapado en la gloria y el poder del Dios!»

Pero la escritura dice que nuevamente a Moisés se le ordenó que pusiera su mano leprosa en su seno. «Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. …» (Éxodo 4: 7).

Extender la mano representa el ministerio.

Por ella se abrieron los mares, cayó fuego y se realizaron milagros.

Ninguno de nosotros hoy debe atreverse a extender una mano leprosa.

Esa lepra siempre está al alcance, Siempre está allí, latente en el viejo hombre. Y Dios lo quiere exponer a nuestros ojos espirituales.

No solo no hay «nada bueno» en nosotros, ¡hay algo leproso en nosotros! Es esa cosa horrible que codicia contra el Espíritu, esa cosa mortal a la que uno debe morir en la Cruz.

Qué pena debe ser para el corazón de Dios rechazar tantas obras hechas en Su nombre, porque tienen lepra.

La lepra del ego. La lepra del éxito humano – competición – auto realización.

La lepra de un hombre impregna todo lo que toca.

Uno puede crear un gran trabajo, incluso grandioso, para Dios…Todos pueden alabar su grandeza, su esplendor. Pero la verdad saldrá a la luz. Si tiene en él la semilla de la lepra, se extenderá hasta que finalmente todo muera.

¿Qué es la lepra, por el pecado? ¡Es el pecado oculto, no expuesto, no abandonado!

¿Qué sucede cuando un hombre de Dios sube a tierra santa?

¡Su alma interior queda expuesta! Sus pecados más profundos y ocultos son sacados a la luz. ¡Tus motivaciones e intenciones quedan al descubierto!

Ya no te glorias de una mano leprosa que está contigo.

Ya no le estás diciendo a la gente lo que has hecho por Dios, no te estás gloriando en tu servicio a Él.

Estás demasiado humillado por la exposición de lo que está en tu carne.

Nunca más tomarás a la ligera el potencial del mal, que está en ti.

¡Gracias a Dios por ese segundo toque santificador!

Ese momento de limpieza, cuando se mortifica la carne y se purifica la mano del ministerio. Cuando nos revestimos completamente de Cristo.

  1. Tierra Santa es un lugar sin reputación.

Moisés había disminuido al punto cero.

Una vez que había sido tenido en alta estima, respetado en altos cargos de gobierno, gran reputación y prestigio.

Se movió entre los ricos y los influyentes, probablemente el hombre más conocido de su tiempo. Fue consejero de potentados.

Pero Dios no pudo usarlo hasta que lo apartó de su popularidad y alta estima.

¿Quién lo conocía ahora en el desierto?

Escondido, oculto, callado y sin influencia. No tenía oportunidad para su gran energía.

Nadie ahora esperaba ninguna de sus palabras. ¿Qué líder mundial escucharía a un hombre así, un hombre aislado, un pastor de ovejas?

Pero en el preciso momento en que Moisés llegó a un punto cero, cuando su reputación se perdió totalmente y no quedó nada del antiguo y reconocido Moisés, fue llamado a ¡tierra santa!

¿Cuánto tiempo esperó Dios junto a esa zarza, listo para estallar en una nueva revelación gloriosa?

Solo hasta ese momento final, de última hora, cuando Moisés realmente ya no se preocupaba por su trabajo o su reputación.

Cuando renunció a los últimos restos de reputación, fue que encontró la revelación.

El Señor Jesús estuvo también en esa misma tierra santa. Las escrituras dicen:

«sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…» (Filipenses 2: 7).

Fue una elección voluntaria: rechazar la reputación y convertirse en un sirviente.

Gracias a Dios por aquellos que, una vez más, están siendo llamados a una tierra tan sagrada, buscando menguar para que Él pueda crecer.

Un gran hombre de Dios escribió: «El hombre de Dios que verdaderamente predica la Palabra finalmente renunciará a la idea de ser conocido. Si él predica a Cristo, su reputación disminuirá constantemente; y Cristo crecerá. Los verdaderos profetas mueren como desconocidos.» Son engrandecidos solo después de que mueren «.

David Wilkerson cuenta que había escrito a los hermanos que administran Kingston Trust en Inglaterra. Y La carta dice: “Estos hombres piadosos han dedicado sus vidas a la distribución de libros escritos por JB Stoney, Darby, Coates y otros hombres piadosos de Dios ingleses que ahora están con el Señor. 

Estos hombres han agitado mi alma. Su conocimiento de Cristo es impresionante. Estoy reimprimiendo algunos de sus mensajes, y le pedí a Kingston Trust que me proporcionara antecedentes biográficos sobre ellos. Me conmovió profundamente la respuesta que recibí.

«Querido David: estos hombres trabajaron en su mayoría desconocidos y no reconocidos en su tiempo. Permitieron que se escribiera poco sobre ellos mismos; en consecuencia, no hay nada que enviarles. Se preocuparon solo por la gloria de Cristo y no se preocuparon por la reputación ni el reconocimiento. «

¡No hay fotos! ¡No hay folletos que describan cómo predican! No hay recortes de prensa; Sin glamour, sin recomendaciones de personalidades bien conocidas. No queda nada de su trabajo o reputación, excepto el mensaje glorioso de Cristo el Señor.

La mayoría de las veces solo firmaron sus iniciales a sus mensajes. Les preocupaba que alguien pudiera alabarlos y robarle a Cristo toda la gloria. ¡No es de extrañar que tuvieran un cielo abierto!

  1. Austin – Sparks ni siquiera quería que las cubiertas de sus libros estuvieran en color, para evitar que la gente se distrajera del mensaje.

No se puedo encontrar una imagen de estos hombres piadosos en ninguna parte. Todos murieron en la fe, rechazados por la religión organizada y en su mayoría desconocidos en su tiempo. Sin embargo, hoy en día, hablan más fuerte que nunca.

¿Cuántos evangelistas de hoy se someterían a la clase del trato de Dios con el apóstol Pablo?

Un día él es el pastor ocupado de las iglesias en toda Asia. Es un evangelista fructífero, las naciones se sacuden por su mensaje.

Él viaja, y entrena a los trabajadores, sana a las multitudes en el poder de Dios.

Pero la siguiente imagen es de alguien aislado totalmente. Está fuera de la vista, en una prisión oscura.

¡Pero gracias a Dios por esta cárcel! De allí salieron las epístolas para todo el cuerpo de Cristo.

Fue un tiempo sin reputación, pero con una revelación gloriosa de Cristo.

¡Que todos mengüemos! ¡Y que solo Él crezca! Dios nos ayude a volver a esta tierra sagrada.

  1. La tierra santa es una condición de libertad del materialismo.

« escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón….» (Hebreos 11: 25–26).

Nada mina el poder y la autoridad de un hombre de Dios más rápido que el materialismo.

Un verdadero siervo no puede poner su corazón en Dios y las cosas de este mundo simultáneamente.

El materialismo no son las «cosas» en sí mismas, sino la búsqueda de las cosas. Las cosas materiales son el combustible que enciende nuestra lujuria.

Cristo está delante de nosotros con una reprensión que no podemos cerrar nuestros ojos y oídos.

Él es presentado ante nosotros en el evangelio como pobre, despreciado, reprochado, perseguido, sin un lugar para recostar su cabeza.

Jesús nunca disfrutó de las cosas de este mundo, su propiedad, su riqueza, sus placeres o el éxito de este mundo. Estaba satisfecho con el pan de cada día. Y eso es todo lo que Él nos pide que oremos también.

Si hubiera algo de valor para las cosas de este mundo, ciertamente Él habría tomado parte de ellas. Él negó estas cosas porque sabía que no tenían valor o virtud.

Sabía cómo las cosas de este mundo pueden convertirse en el objeto de los afectos del hombre, consumiendo todo su tiempo y energía.

Él sabía cómo las cosas materiales alejan a las almas de su propio amor. Es por eso que nuestro Señor derramó desprecio sobre las cosas de este mundo.

Fue el evangelio de Cristo el que sacó a la luz una nueva forma de vivir. Una nueva forma de despertar humildemente con el Señor como extraños que no tienen amor por este mundo.

Los apóstoles vivieron como lo hizo nuestro Señor, y murieron en condiciones de pobreza, persecución y angustia. Fueron presentados como ejemplos de sufrimiento y vergüenza para que la gracia y el amor de Dios pudieran ser revelados a través de los dones espirituales.

Pablo dijo: «Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.»(1 Corintios 4: 9, 11–13).

Para llegar a tierra santa, uno debe despojarse de las cuerdas del materialismo.

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