13 mayo, 2016

El llamado a la Batalla

El llamado a la Batalla

El llamado A la Batalla

Se necesita tener visión para alcanzar un objetivo.

El ser llamado por Dios no cuesta nada, pues es Dios quien nos llama.

Sin embargo, responder positivamente a ese llamado, es algo totalmente distinto. Y eso SI tiene un costo.

Probablemente es a través de visiones que Dios nos induce a realizar algo.

Cuando Dios pone su mano sobre nosotros, hace dos cosas:

Primero, nos da un ministerio; segundo, nos abre una puerta para servirlo.

Cada uno de nosotros tiene un lugar especial y vital en su templo.

Cada creyente es esculpido individualmente, y como dice el Salmo 139: 15: » entretejido en lo más profundo de la tierra».

Una visión nueva puede perturbar no sólo a aquellos que la tienen, también a los que no la tienen. (ejemplo María siendo visitada por un Ángel)

Esto sucede especialmente cuando esa visión coloca a alguien en una posición pública.

Puede haber resentimientos, críticas y hasta celos.

A veces los amigos y la familia de esa persona no pueden creer que Dios haya puesto un llamado en su corazón.

Sin embargo, como dice Pablo acerca de Jacob, nadie puede explicar la elección de Dios.

La decisión de hacer un llamado es algo que le concierne exclusivamente a Dios, no a los hombres.

Si Dios nos ha llamado, la mejor prueba que podemos dar de ello es nuestra paciencia al ser juzgados y criticados.

«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6).

 

UNA PARÁBOLA ACERCA DE LA CANCIÓN DE DÉBORA NOS AYUDARA A ENTENDER ESTE TEMA.

 

Es maravillosa la forma en que la Palabra de Dios nos estimula

El pasaje descrito en Jueces 5: 16-20 es algo que nos motivara de forma gloriosa.

En el período de los Jueces, Israel tuvo muchos altibajos.

A menudo el pueblo se vio oprimido por invasores.

Fue entonces que Dios les dio líderes carismáticos para que unieran al pueblo, y lo guiaran en su defensa.

Uno de esos líderes fue una mujer llamada Débora, quien era una profetiza.

En esa época, Jabín, un rey cananita, envió a sus hombres al mando de Sísara a que destruyeran al pueblo de Israel.

El Espíritu de Dios le indicó a Débora que debía resistir a los invasores y utilizó su capacidad de persuasión para inspirar a los hombres de Israel a que reunieran sus tribus bajo el liderazgo de Barac.

Débora llamó a cada tribu a que se unieran a fin de enfrentar a los hombres de Sísara.

Algunos vinieron, otros no.

Leer este episodio y ver cómo reaccionaron las diferentes tribus es algo sumamente interesante.

Es más, esta antigua historia es como un espejo en el que se podría reflejar la iglesia de hoy.

Escudriñando a Israel después de la victoria, Débora hizo una pregunta acerca de la tribu de Dan:

«… Y Dan, ¿por qué se estuvo junto a las naves?…» (Jueces 5: 17).

La tribu de Dan estaba formada por mercaderes quienes tenían una especie de empresa marítima en Israel.

Traían la mercadería de todas partes. Luego, anclados en un puerto, los barcos se convertían en salones de venta en los que se vendía directamente del importador al público.

Más o menos la figura es como sigue…

Todos los de Dan estas atendiendo a sus negocios. Las ventas del día han sido muy buenas y, por lo tanto, las ganancias excelentes.

Están sumando y guardando su dinero con gran satisfacción. Repentinamente Un mensajero llega cansado, y trae consigo una carta para esta tribu, la tribu de Dan.

Que más o menos decía algo así.

Saludos a toda la tribu: Jabín, el rey de Canaán, ha enviado a Sísara y está asolando a Israel…Estamos peleando con todo lo que tenemos, pero necesitamos ayuda. Todas las tribus deben unirse a fin de resistir al enemigo. Vengan y ayúdennos, ahora. Tus hermanos israelitas están muriendo. Por favor, ¡vengan enseguida!  

DÉBORA (Juez de Israel).

 

Los comerciantes de Dan, quedaron profundamente conmovidos. Pero en ese momento, repentinamente, otros pensamientos les invadieron.

¿Podían ellos dejar su dinero y sus bienes sin cuidar? Si se iban a la batalla, ¿qué pasaría con sus barcos y sus negocios? ¿No sería mejor permanecer neutral? ¿Y si sus barcos se hundían mientras ellos se enlistaban en el ejército?

Después de pensarlo un poco tomaron una decisión.

Rápidamente pusieron un fajo de dinero en el bolsillo del mensajero y le dijeron: «En verdad queremos ayudar. Lamentablemente, no podemos ir, pero aquí está nuestra contribución. Dile a Débora que la acompañamos en espíritu».

La tribu de Dan abandonó a Débora,

Qué grandes hombres no? ¡dejaron que las mujeres salgan a pelear!

Así que Dan siguió contando su dinero mientras sus hermanos se reunían bajo el estandarte de Débora y Barac.

Que otros mueran por Israel.

Dan tenía negocios que atender. Allí estaba Dan en su barco de interés propio, de amor propio y de avaricia.

En este día ¿a quiénes podemos identificar con Dan?

Ésta es una pregunta que cada uno de nosotros debe hacerse.

Dan es el cristiano que pertenece a la familia de Dios, conoce las demandas de Dios sobre su vida, escucha el llamado de Dios, pero no responde a ese llamado.

Él permanece en la tienda de su barco cuando el Señor quiere que «busque primero el reino de Dios».

El sonido de las monedas, la admiración del público, o la opinión de la familia y los amigos lo hacen sordo al llamado de Dios. Del Dios vivo!

En la iglesia, Dan canta acerca del “puerto celestial” de llegar al cielo. Pero ¿realmente su barco llegará?

Si usted piensa que estas situaciones no son reales, mire a su alrededor.

Mire a las personas que han escogido equivocadamente sus prioridades.

Algunas de las personas más infelices son las que pusieron los ojos sobre «la oportunidad» y quitaron su vista de Dios. Perdieron su visión. Al final las cosas les salieron terriblemente mal.

El éxito se convirtió en cenizas, la popularidad se tornó amarga.

Escogieron lo mismo que Dan en la tienda de su barco. Dejaron que otros siguieran a Cristo al campo de cosecha, al campo de batalla,

 

¿HACEDORES DE DINERO O DE HISTORIA?

El mensajero también llego con la carta a Zabulón y Neftalí.

Los dos estaban trabajando en el campo cuando este llegó.

Zabulón y Neftalí esperaban ansiosos el final de la jornada para reunirse con sus familias.

Sin embargo, escucharon con atención el llamado de Débora al servicio. ¿Qué debían hacer? Había sólo una opción:

¡Vayamos! Dijeron…

Tenemos que ir!

«Alabado sea Dios. El Señor ha ungido a alguien para dirigimos.

Pongamos fin a esta constante persecución de Jabín y sus delincuentes. ¡Gracias a Dios por Débora! Vamos a apoyarla por completo.

Cuenten con nosotros».

Esos hombres cambiaron sus hoces por espadas.

Abrazaron a sus niños, besaron a sus esposas que lloraban, y marcharon hacia el campo de batalla.

«… en las alturas de los campos, Zabulón y Neftalí arriesgaron la vida» (Jueces 5:18, VP).

La guerra terminó pronto y la gloria del triunfo no fue para Dan.

Fue para dos mujeres y los hombres que fueron a la batalla!

Débora, quien guió a Israel, y Jael, quien dio el famoso golpe final.

Con una estaca, clavó en la tierra la cabeza de Sísara, poniendo fin a la violencia del ejército cananita.

Dan ganó mucho dinero. Pero Zabulón y Neftalí hicieron historia ese día peleando por Israel.

Ellos arriesgaron todo, la vida misma, luchando en los lugares altos del campo.

Dan no comprometió nada. Nunca se arriesgó. Cuando Dan murió, era el más rico y, sin embargo, el más miserable de los hombres de su país.

Hoy día, el llamado de Dios sigue siendo escuchado por gente como Zabulón y Neftalí; e ignorado por gente como Dan.

Las iglesias están formadas por distintas clases de personas.

Las personas como Dan son aquellas que consideran que sus negocios son más importantes que la obra de Dios;

…que los jardines en sus casas son más importantes que el campo de cosecha;

… que ahorrar dinero es más importante que ganar almas.

Zabulón dejó su hogar, sin embargo, salvó un reino.

«Las personas que responden, dan ofrendas y trabajan, son siempre las mismas. Si no fuera por ellos, esta iglesia tendría que cerrar».

Algunos obedecen al llamado de Dios sin importarles el costo, pero otros no arriesgarían nada por Dios.

Jesús dijo: «… el que pierda su vida por causa mía, la salvará» (Mateo 10:39, VP). También dijo: «… Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2: 10).

El perder la vida por Jesús es algo muy noble, como también lo es el estar dispuestos a ofrecer todo por Él.

 

QUÉ MUJER!

Después de la batalla vino la celebración. Débora y Barac entonaron un canto de victoria, nombrando las tribus una por una.

Ese canto está lleno de ironía. Después de mencionar a Dan, a Zabulón y a Neftalí, nombraron a Rubén, acerca del cual está escrito, como grabado en piedra: Jueces 5: 16

“¿Por qué te quedaste entre los rediles,
Para oír los balidos de los rebaños?
Entre las familias de Rubén
Hubo grandes propósitos del corazón.”

La gente de Rubén eran personas muy consideradas y con buen juicio. Eran los instruidos, los que hablaban.

Cuando llegó el mensajero, este gritaba:»

¡Urgente! ¡Urgente! Un mensaje de la jueza Débora»,

Rubén rápidamente tomó la carta.

La leyó… y de inmediato convocó a una reunión de emergencia del Consejo de los Sabios.

El Consejo, tal como acostumbraba, se sentó y primeramente leyó las actas de la reunión anterior.

Los miembros estudiaron la situación. Eran pensadores agudos.

Percibieron que era una situación demasiado grande como para tomar decisiones apresuradas, que después podrían lamentar.

Así que se tomaron una noche más para meditar.

De modo que, al día siguiente, el llamado de Débora fue considerado desde todos los ángulos.

La conclusión unánime fue registrada en las actas: era necesario actuar. Pero debían redactar primero un plan antes de precipitarse a la batalla.

Por lo tanto, al día siguiente, se proyectó una estrategia y se especificaron tácticas generales. ¡Excelente! Y ahora, ¿qué pasa con la logística, los medios y la dirección?

Otro día completo fue alegremente dedicado a estos importantes asuntos. El Consejo debía asegurar que tendrían éxito en la batalla. Formarían un ejército de primera clase.

La planificación tomó tiempo, pero era mejor estar bien preparados. Durante las sesiones tuvieron un receso para tomar un refrigerio y descansar.

Se sentían muy contentos con lo logrado hasta entonces.

 

Mientras tanto, sus hermanos peleaban en la batalla.

Pero había todavía algo importante que les preocupaba a la tribu de Rubén.

El Consejo volvió a reunirse al día siguiente, y por fin lo pusieron como tema en la agenda.

El problema era Débora. ¡Era mujer! ¿Cómo podían ellos considerar el llamado de una mujer? ¿Dónde estaba la base para eso en las Escrituras?

¿Alguna vez una mujer había tomado el liderazgo, excepto para hacer pecar a Adán?

Débora se interponía entre ellos y la acción.

A pesar de sus conocimientos, no encontraban forma de poder acudir en su ayuda.

Esta acción no tenía precedente. ¿Una mujer con autoridad para gobernar y juzgar? ¿Bendeciría Dios a los hombres que siguieran a una mujer en una batalla?

Pronto tuvieron claridad sobre el asunto.

Así que vieron que era su deber rehusarse a ir. Era una cuestión de principios.

Esto se refleja también en nuestros días.

Muy a menudo, a la gente le disgusta la forma en que se hacen las cosas.

No les gusta el liderazgo, o el método, o el momento, o el personal.

A veces encuentran objeciones intelectuales: «¿Evangelismo? ¿Con toda nuestra educación? ¡Ésta no es la época de Pablo y Pedro! ¿Salvar almas? ¿Avivamiento? Eso estaba bien para la gente primitiva, pero nosotros necesitamos un enfoque distinto».

A pesar de todos esos argumentos, esa gente nunca encuentra un método diferente.

Algunos tienen un evangelio de panes y peces. Jesús dijo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará…» (Juan 6:27).

Hay otros que están más preocupados por su espiritualidad que por arrancar a los hombres del fuego eterno.

Presentan discursos elocuentes y adornan las plataformas muy elegantemente, pero no están en la línea de fuego.

Algunos son ultra-devotos, profundamente conmovidos con la obra del Espíritu dentro de ellos o en sus iglesias.

Estas personas piensan que un predicador callejero, alteraría o interrumpiría lo que Dios ha estado haciendo estos últimos años.

No pueden apoyar a los evangelistas.

Piensan que ellos acaparan la atención, e impiden un desarrollo más profundo.

Esas personas llenas de «espiritualidad» presentan un sinfín de argumentos «piadosos», mas no hacen ningún esfuerzo por evitar que la gente muera en sus pecados.

Arboles sin fruto, nubes sin agua.

 

DE VACACIONES

 

Hay otra tribu que debemos considerar.

El mensaje le llega a Aser en manos de un enviado ansioso y exhausto. ¿Cuál fue la respuesta de Aser?

«Él se quedó a la orilla del mar».

Aser estaba de vacaciones. Dijo: «Lo siento, realmente necesito descansar. No puedo interrumpir mis vacaciones».

Aser trabajaba mucho y no tenía tiempo.

Cooperar trabajando en la iglesia está bien para aquellos que no tienen otra cosa que hacer,

Pero él tenía que hacer el cierre de caja después de cerrar el negocio.

Había trabajado mucho y se merecía ese descanso sin interrupciones. La respuesta era No!, no podía ir en ese momento.

Aser se excusó diciendo: «Yo estoy seguro de que hay muchos otros que irán a ayudar.

Algunas personas están hechas para este tipo de tarea.

Débora estará bien». Aser se estiró en su hamaca y dio un sorbo a su bebida.

«Sí, dile que la admiramos. Es maravillosa, y estamos seguros que podemos dejar las cosas en sus manos. Dios no le va a fallar.

Estaremos orando para que salga victoriosa.

Explícale mi dificultad. Que necesito quedarme aquí en la costa por un tiempo, o no podré seguir haciendo mis negocios».

Es muy común que queramos depender de otros para que hagan lo que nosotros no queremos hacer.

«Alguien aparecerá, y las cosas se harán.

A mí me gusta pasar mis fines de semana con mi familia donde puedo alejarme de todo. Tengo un lugar en el campo, y sería tonto no ir».

Para algunos, lo que tienen planeado, o cualquier cosa que surja, cualquier otra demanda es más importante que lo que Dios les pueda pedir.

No pueden hacer todo eso y además salvar almas.

Eso es demasiado trabajo. Hay otras cosas que requieren de atención.

Además, el descanso es necesario. En pocas palabras, los compromisos son primero.

Sí, tal vez ayudarán, tarde o temprano, cuando estén libres, y no tengan otra cosa que hacer y se sientan dispuestos a ello.

 

Ésta fue la parábola de la historia de Débora.

Quiero decirles que esta enseñanza es algo que debemos considerar en nuestras propias vidas.

La gente pone excusas.

Cristo nos dio ejemplos de ello en la parábola de la fiesta de bodas.

El primero en rehusar la invitación se acababa de casar.

Otro había comprado tierras, y un tercero había comprado un par de bueyes.

Disfrutaron de sus placeres por un tiempo, y luego perdieron la corona de vida eterna.

Dios nos dice algo con esta historia y nos hace un llamado, nos hace llegar una carta para unirnos a su causa:

¡Seamos como Zabulón o Neftalí, y unámonos a los soldados en el campo de batalla! El Señor está con nosotros.

Nuestro Capitán jamás ha perdido una batalla.

Es hora de que nos ocupemos de las almas y no de la comodidad material.

Comience a trabajar por aquello que no perece.

Edificar el reino eterno de Dios significa que nuestras manos contribuyan a cimentar la obra de Dios, que es inmortal.

Todo lo que cimentemos en Dios no perecerá.

Leví dejó su oficina de recaudación de impuestos, y el pescador de Betesda siguió a Jesús inmediatamente.

Ellos transcendieron más allá de su tiempo y aún los recordamos.

Ahora el llamado es para nosotros. Jesús nos dice:

«¡Ven y Sígueme!»

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